[ES] A las personas voluntarias.

Bernat Armangue (2021) para Associated Press.

Vuelvo a Barcelona en el AVE desde la bella Córdoba y escribo estas palabras en este viaje. Desde la Cruz Roja de Andalucía me han invitado a hablarles a gente importante, a voluntarios de la Cruz Roja de todos los territorios del país, sobre liderazgo. No es la primera vez que hablo para miembros de una ONG, pero sí he de reconocer que esta vez, probablemente influido por la dureza de las emociones que últimamente me provoca la actualidad (la masacre en la valla de Melilla, los desahucios, la violencia machista, las derivas constantes de embarcaciones en el Mediterráneo, los refugiados de guerra…) he de reconocer que he venido con los poros más abiertos de lo habitual. Para mi este colectivo es liderazgo y activismo, es hacer política y es luchar por la sociedad de la forma más elevada que puedo imaginar. Si me lo preguntan a mí, representan uno de los colectivos de mayor significancia en nuestras sociedades modernas, precisamente por su deseo de seguir adelante a pesar de todo (incluso de ellos mismos). Dicho esto, voy al tema que me enrollo. Aunque vuelvo nutrido y con más de una reflexión en la cabeza, me quedo solamente con una para desarrollar este pequeño fragmento de pensamiento. ¿Cómo motivamos a los demás? ¿Cómo motivamos a aquellos que están porque quieren estar? Son preguntas trampa porque, aunque parezcan diferentes, no lo son tanto, en realidad todos estamos donde queremos estar (todos tenemos la opción de buscar una alternativa), y está claro que no hace falta ser voluntario para demostrarlo. Además, a priori, uno podría pensar que parece una pregunta que se contesta a sí misma. La frase rápida sería algo así como “si está es porque quiere, y si no quiere que no venga, así que, si viene, que venga motivado”. 

Lamentablemente, dudo que la respuesta sea tan sencilla. De entrada, podemos imaginar que una persona voluntaria está porque quiere estar y que, debido a esa condición de partida, automáticamente viene motivada de casa. Pero esto es presuponer que las esas personas voluntarias son una especie de élite sobrehumana que no está cortada por el mismo patrón que el resto. Y aunque es una explicación que parece atractiva (y en ocasiones se puede considerar hasta plausible), es obvio que no es cierta. 

Permitidme un pequeño salto aquí para explicarme mejor. Una vez un profesor me dijo que lo más difícil en el mundo era ser optimista, puesto que es un posicionamiento que requiere un extra-esfuerzo, es una actitud que, como Carl Rogers decía, implica una consideración incondicional positiva de los hechos. Es decir, exige reconvertir todas las experiencias, de forma absoluta y por devastadoras que puedan ser, en experiencias de aprendizaje. Esto no es fácil, de hecho, necesitas tener una serie de condiciones de capacidad de racionalización que no están al alcance de todo el mundo, desde luego no en todo momento. Sea como fuere, lo que está claro es que exige mucho más que la indefensión o el cinismo, cuya respuesta comportamental es sencillamente pasiva, en el mejor de los casos, y nula, en la mayoría. Traigo esta memoria porque un voluntario puede hacer de voluntario un día, pero sigue siendo voluntario al paso del tiempo gracias a su compromiso y autoliderazgo al servicio de una causa colectiva, pero también gracias a su compromiso consigo mismo y la gestión de sus miedos e incertidumbres. Por eso, como son personas y no extraterrestres, es de esperar que esa misma causa le satisfaga también de una forma personal. Y aquí está principalmente una de las claves que quiero tratar, porque se podría pensar que las personas voluntarias están sencillamente porque se dan a los demás, y no es tan sencillo, y desde luego eso no tiene por qué aplicarse en todos los casos. Todas las personas tenemos razones por las que hacemos cosas, y estas pueden ser muy diversas. Es ingenuo pensar que alguien está porque está y siempre sigue queriendo estar al mismo nivel, y es aún más ingenuo pensar que esto es automático, o que no exige esfuerzo alguno, y aquí es donde cobra sentido la frase de mi profesor sobre el esfuerzo del optimismo.

Las personas podemos tener un rasgo que nos predisponga a la acción, sea esta individual, en la consecución de metas personales, o colectiva, en busca de un favor común o en la responsabilidad de influir para construir un mundo mejor. No obstante, eso no quita que no variemos en nuestros estados, que no rasgos, a lo largo del tiempo y que, precisamente por eso, necesitemos que se nos recuerde por qué hacemos lo que hacemos, pero también se nos reconozca, porque para eso también lo hacemos. Y es que, creo que, en cierto modo, nuestra vida se rige fundamentalmente de relatos, propios y colectivos. Relatos que nos organizan nuestro pensamiento u organizan grupos y sociedades, y, es en estos relatos donde podemos influir. Pero volvamos a esto de las necesidades, dejamos el poder de los relatos para otra ocasión. ¿Cuáles son las necesidades que las personas tratan de resolver y que, en su camino de consecución, les hacen estar motivadas? En 1961, el Psicólogo Social de Harvard David McClelland escribió un brillante libro llamado “Achieving Society” (Sociedad del logro) en el que reconoce que en aquellos grupos societales donde se ha podido alcanzar una cierta resolución de necesidades de los niveles más cercanos a la base en la pirámide de Abraham Maslow (las necesidades fisiológicas, de seguridad y de afiliación), las personas comenzarían a orientarse hacia la búsqueda de resolución social de necesidades más sofisticadas de acuerdo a niveles más cercanos a la cúspide. Partiendo de esta base, este teórico entendía que había tres tipos de necesidades que, en mayor o menor medida, todas las personas tratamos de resolver. Vamos a ver cuáles son estas necesidades.

En primer lugar, las necesidades de Afiliación, resaltada por aquellas personas con un foco de atención especial a las relaciones sociales. Curiosamente las personas con una predisposición o primacía por la resolución de esta necesidad acostumbran a tener buenas habilidades sociales y dotes relacionales. Es una cuestión de esfuerzo y recursos destinados a gestionarla y desarrollarla, es casi una consecución que parte de la lógica. Pues bien, la forma más efectiva de favorecer que este tipo de personas se sientan satisfechas y motivadas sería, por lo tanto, dejarles liderar las iniciativas sociales y afectivas de un grupo. Pero claro, también (y al mismo nivel o más) reconocerle, precisamente, esa labor.

Por otro lado, otra de las necesidades que las personas tratamos de resolver al afiliarnos a ciertos grupos es la del logro. Las personas queremos desafíos y queremos retos porque queremos conseguir y cosechar éxitos. De hecho, podríamos acabar afiliándonos a grupos más exigentes porque eso nos haría exigirnos más a nosotros mismos, porque queremos lograr más cosas. Para mí, y esto es personal, la alegría no es alegría si no es compartida, es un nivel más bajo, no lo sé, euforia circunstancial, quizás. En cualquier caso, es evidente que el logro rige nuestros esfuerzos y movimientos de acción. Pues bien, las personas con esta primacía suelen buscar el reconocimiento, puede ser de origen propio o colectivo, reconocerse a sí mismos o que los demás les reconozcan, y desde el liderazgo, sólo se puede tratar de proporcionar estos incentivos que le puedan hacer sentir que tienen vía libre para perseguir logros. Si los recursos no fueran limitados y las personas en las sociedades partieran todas en igualdad real de condiciones, las personas curiosas y orientadas al logro deberían tener campo libre para poder explorar, porque con ellas avanza la humanidad.

Por último, pero no por ello menos importante, la necesidad de poder. Hay personas que les gusta usar el poder. A esas personas les gusta coordinar y organizar a otras personas, y es eso, precisamente, lo que como líderes deberíamos tratar de promover. Estas personas se afilian a grupos donde pueden tener oportunidades de ejercer el poder. Mi premisa es clara, el que quiera liderar, si puedes, deja que lidere, no hay que tener miedo a transferir de forma controlada ciertos aspectos del ejercicio del poder. La iniciativa es un bien escaso en los grupos, y cuando está, hay que cuidarlo y promoverlo. Por lo tanto, hay que dotar de oportunidades de liderazgo a las personas que así lo soliciten.

No obstante, quiero remarcar una cosa. Estas necesidades no describen perfiles de personas, todos tenemos la necesidad, en mayor o menor medida, de atender a una, varias, o a todas esas necesidades, pero sí que es cierto que las personas podemos tener en nuestra escala de valores interna una valuación diferenciada de cada una de ellas. Lo importante como líderes es que escuchemos bien, tengamos los ojos bien abiertos y que tratemos de conocer a las personas de nuestro equipo de acuerdo a las necesidades que pretenden resolver para poder ayudarles en esa aventura.

En definitiva, McClelland planteó que, en las sociedades de logro, tanto los voluntarios como el resto de los mortales, tratamos de socializarnos en grupos que creemos nos darán la oportunidad de resolver alguna de estas necesidades. Por lo tanto, no se trata solamente de tener conciencia social, que también, sino también de entender que las personas podemos desarrollarnos y resolver nuestras necesidades en cualquier equipo, incluso en aquellos que buscan un bien social esencial.

Espero que estas palabras se lean como lo que se pretenden, un homenaje y un agradecimiento a las personas voluntarias, porque ellas merecen, desde luego, toda mi admiración y respeto. Porque todos podemos ser voluntarios, pero no todos acabamos sacrificando nuestros deseos y recursos personales por aquellos que no parten con nuestros privilegios. Este post es un gracias a todas esas personas, y un gracias también por darme la oportunidad de poner mi granito de arena. Estoy a vuestra disposición y siempre en vuestro equipo. 

Por la paz y la tolerancia.

#GraciasLuna

Foto de portada de Bernat Armangue (2021) para Associated Press.

Referencias:

McClelland, D. C., & Mac Clelland, D. C. (1961). Achieving society (Vol. 92051). Simon and Schuster.

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